El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey, de J.R.R. Tolkien

“El Retorno del Rey” es el tercer libro de la famosa trilogía “El Señor de los Anillos”, de J.R.R. Tolkien, que fue exitosamente adaptada al cine por Peter Jackson. Se trata de la saga de la fantasía épica por excelencia, una de las pioneras en su género, y que ha sido una gran fuente de inspiración para las posteriores obras de esta temática. “El Retorno del Rey” es el tercer libro de la trilogía, y supone el final y cierre de la historia del Anillo en este original mundo de fantasía.

“El Retorno del Rey” sigue la línea de sus dos libros predecesores, continuando y cerrando la historia que comenzó con “La Comunidad del Anillo”. Las tramas se entremezclan hasta el final y la evolución de los personajes se hace más patente que nunca en esta tercera parte, que hace gala de la epicidad que el cierre de esta saga merece.

A diferencia del libro de “Las Dos Torres”, en el que las tramas no se mezclaban unas con otras, en esta tercera parte sí que van alternando al menos dos o tres de las tramas principales en la primera mitad de la novela, lo que se agradece durante su lectura. A pesar de ello, “El Retorno del Rey”, al igual que en las dos partes anteriores, sigue mostrando un ritmo un tanto irregular, recreándose en cosas que no tienen tanta importancia, y pasando por alto otras tantas que sí generarían más interés.

Así, su lectura no se hace fácil, llegando a resultar pesada en muchos puntos a pesar de la calidad de la historia y del interés que genera. Lo verdaderamente interesante queda diluido por una gran cantidad de información que, en realidad, poco aporta a la trama global o a la evolución de los personajes, por lo que muchos aspectos acaban siendo olvidables.

Sin embargo, en este tercer libro la historia se encuentra más fragmentada que nunca, lo que por otro lado sienta bien a la lectura. Por un lado, está Pippin y sus experiencias en Gondor con Gandalf y Denethor, por otro, está Merry, con Théoden en las tierras de Rohan, luego están Aragorn, que va a lo suyo, siempre acompañado por Legolas y Gimli, y por último tenemos a Frodo y Sam, con la tarea más angustiante de todas.

Posiblemente Merry y Pippin sean de nuevo dos de los personajes que más evolucionan en la trilogía, y esta tercera novela es clave en el desarrollo de ambos. El estar separados por primera vez nos permite conocerlos mejor individualmente, demostrando cada uno por su lado la valentía, coraje y bondad que poseen, y que los convierten a ambos en unos personajes muy queridos, tanto por otros personajes como por los propios lectores.

Tanto Merry como Pippin cargan con títulos honorables concedidos por Théoden y Denethor, respectivamente. El rey de Rohan y el senescal de Gondor son dos de los personajes secundarios más importantes de esta novela. Ambos deben tomar decisiones difíciles por el bien no sólo de sus reinos, sino de toda la Tierra Media, lo que también les termina pasando factura. Son muy diferentes entre sí, y cada uno tiene su manera de afrontar sus propios asuntos.

Por su parte, Gandalf se consolida como uno de los mejores personajes de la saga. Su participación es determinante, es un pilar fundamental en la historia y un apoyo indispensable para los demás personajes. Siempre sabe qué decir, cómo actuar y qué consejos dar en cada momento, y sin él es muy posible que el final de esta historia hubiera sido muy diferente. Nunca una “resurrección” estuvo mejor justificada.

En cuanto a Aragorn, es otro personaje que crece y evoluciona muchísimo en esta tercera novela. Y es que el propio título del libro hace referencia a su personaje exclusivamente. Su desarrollo encuentra su culmen, y somos testigos del paso de un montaraz valiente y decidido a un rey que hace gala de una sabiduría, de un coraje y de un saber estar dignos de admiración.

Aragorn hace lo que debe de hacer, sin cuestionarse nada más. Sin importar lo que él quiera, ni sus propios miedos y dudas, ni lo que piensen los demás de él. Es el arquetipo de personaje perfecto, que causa fascinación y admiración, el referente que todos queremos ser. Tan sólo mostró debilidad tras la muerte de Gandalf, pero después de la vuelta del mago, el personaje no vuelve a flaquear ni una sola vez, siendo siempre decidido y coherente, dispuesto a dar su vida por una causa mayor.

Tan sólo habría sido de agradecer que su relación con Arwen hubiera tenido algún tipo de desarrollo durante la lectura. Su historia de amor es prácticamente inexistente en la trilogía, pues únicamente les vemos hablando durante el concilio de Elrond, de lo que pasamos directamente a su reencuentro en la coronación. Es una historia un tanto desaprovechada que habría venido muy bien para dar profundidad a ambos personajes.

Por otro lado, Legolas y Gimli son los personajes que menos apariciones tienen en esta novela, y que caen un poco en el olvido. Su evolución es prácticamente inexistente, y su única función es ser el apoyo incuestionable de Aragorn. A nivel individual pierden todo peso que pudieran tener en la historia, y realmente se les echa de menos, pues son dos personajes buenos que quedan muy desaprovechados en esta tercera parte.

Mención especial merecen Faramir y Éowyn. A nivel individual son absolutamente fascinantes, y brillan con luz propia en cada una de sus apariciones. El hermano de Boromir es tan admirable como Aragorn, tiene muy clara su función en toda esta historia y desempeña su papel a la perfección. Por contra, Éowyn también tiene claro cuál es el papel que debería desempeñar, pero no es el que ella desea, siendo éste el principal motivo de su amargura. Sin embargo, ella no se conforma y toma sus propias decisiones, convirtiéndose en el personaje femenino con más fuerza de la saga, y siendo su enfrentamiento al Rey Brujo una de las escenas más potentes.

Así, Éowyn y Faramir empiezan a conocerse tras la batalla mientras se recuperan de la misma, lo que conlleva la parte final del desarrollo de estos personajes, en la que ambos encuentran finalmente la paz y felicidad que necesitaban, en el que sin duda es uno de los desenlaces más bonitos de este libro.

Vamos ahora con Frodo y Sam. Con el permiso de los demás personajes, estos dos se llevan la palma. Son los personajes a los que más les toca sufrir, que más crecen y evolucionan, y de quienes la lectura más muestra su sufrimiento y angustia, desde el episodio de Ella-Laraña, pasando por sus andaduras en Mordor hasta su llegada al Monte del Destino.

La lectura se recrea en su cansancio, en la difícil ruta que siguen y en la que más de una vez deben dar la vuelta, atravesando sitios escarpados y peligrosos, en su escasez de alimentos, en la sed que pasan todo el rato. El viaje se hace largo, desasosegador, y está claro que deja una huella en sus protagonistas de la que ya no se librarán. Por si todo esto fuera poco, a ello se suma la carga del Anillo, cuyos efectos son más notables que nunca en Frodo, y el seguimiento de Gollum, otra preocupación más que les impide descansar como deberían.

Gollum se reafirma en este libro como, si no el mejor, uno de los mejores personajes de la saga, pero su menor aparición hace que se pueda lucir algo menos en esta tercera parte. Aun así, está presente en el momento clave, y sin él el Anillo nunca habría terminado en el fuego del Monte del Destino. Así pues, esa piedad que Bilbo mostró por él, y que le impidió matarlo, así como esa misma piedad que luego vuelve a mostrar Frodo, notan aquí su razón de ser, en un final en el que todo cuadra y termina de la única forma en la que podía hacerlo.

Como no podía ser de otra manera, esta saga presenta un cierre bastante largo, acorde a la magnitud de su historia. Sin embargo, y después de la derrota de Sauron, la coronación de Aragorn y los correspondientes festejos, la vuelta a la Comarca poco tiene que ver con la placentera vuelta a casa que podría esperarse.

La parte final en la que los cuatro hobbits vuelven a una Comarca muy diferente a la que recuerdan es un jarro de agua fría tanto para ellos como para los lectores. Y es que, cuando el resto de tramas ya se han cerrado y la historia se encuentra en pleno desenlace, se vuelve a abrir un conflicto que los personajes, después de todas las penurias que han pasado, no merecen. Además, esto también atenúa el cansancio mental del lector, que tras una historia que resulta tan pesada de leer, se encuentra con una última trama sorpresa final quizá no tan deseable.

De esta manera, Frodo, Sam, Merry y Pippin se ven obligados a tomar las riendas de una situación que no esperaban. Después de salvar la Tierra Media, deben salvar también su querida Comarca, medio destruida por Saruman, a quien además se habían cruzado en el camino un poco antes de su llegada y por quien habían mostrado piedad.

Así, mientras que la piedad que se tuvo con Gollum en su momento desemboca en un cometido muy importante del mismo, con Saruman pasa justamente lo contrario. Le perdonan la vida hasta en tres ocasiones, primero Bárbol y luego los hobbits, pero la maldad el mago no disminuye, y tampoco cumple ninguna función en la historia más allá de la destrucción que va sembrando a su paso incluso cuando Sauron ya ha sido derrotado.

Así pues, este final es demasiado descorazonador para la historia tan extensa y sufrida que hay detrás, y quizá no compensa demasiado bien las sensaciones de la lectura global. Sí que refuerza la imagen de héroe de los hobbits, o la ida de que ellos solos se bastan sin contar con ayuda de nadie más, pero, después de todo lo que habían hecho y demostrado, quizá no era tan necesario.

Por otro lado, es de destacar también algunos aspectos en los que la trilogía no ahonda demasiado, o no tanto como podría haberlo hecho. Uno es el comentado anteriormente sobre el romance de Arwen y Aragorn, pero no es el único. Y es que, ¿qué ha aportado a la trama, por ejemplo, la aparición de Tom Bombadil en el primer libro? El encuentro de los hobbits con este estrambótico personaje quedó simplemente en eso, en un simple encuentro, y Tom Bombadil no tiene ninguna aparición más ni ninguna importancia en el resto de la historia. ¿Por qué, entonces, la lectura se toma la molestia de presentarnos un personaje tan carismático? Si omitimos su escena, la historia no habría cambiado. Ni siquiera cumple una función en cuanto al desarrollo de los demás personajes, y esto hace de Tom Bombadil un personaje innecesario.

Pero quizá la falta más grave de esta trilogía sea la escasísima información que nos da sobre el villano principal y el causante de toda la historia. Sauron no es más que una sombra, una figura que sabemos que está, pero que no tiene ningún trasfondo ni ningún desarrollo. Es muy chulo cómo genera terror sin ni siquiera aparecer, pero precisamente esta ausencia provoca también que la historia pierda muchísimo. No hay enfrentamientos con él, no hay una motivación detrás más allá del propio mal, ni siquiera hay un personaje tangible al que conocer.

Sauron es indispensable en la historia, pues nada de todo esto habría ocurrido sin él, pero es un personaje que tenía tanto potencial que, finalmente, queda muy desaprovechado. Si la lectura hubiera ahondado más en él y se hubiera tomado el tiempo para construir un personaje más completo, sin duda habría ganado muchísimo.

Además, el libro tampoco explica demasiado bien por qué en el final los Portadores del Anillo Frodo y Bilbo, acompañados de los elfos Elrond y Galadriel y de Gandalf, deben abandonar la Tierra Media. Las heridas que el Anillo causó en ellos son patentes, pero no se ahonda más en algo tan interesante como esto.

Así pues, si la historia hubiera mareado menos con tantos paisajes, descripciones, personajes muy secundarios y un exceso de hechos y escenas que no aportan a la trama principal, y se hubiera enfocado un poco más en todos estos aspectos, habría resultado, a mi parecer, una historia aún mucho mejor de la que termina siendo.

Mención especial merecen los escenarios de esta historia que conforman la Tierra Media, como la Comarca, Mordor con su Monte del Destino o Gondor y su Ciudad Blanca, que crean un ambiente absolutamente inmersivo.

A pesar de todo, “El Señor de los Anillos” es una historia fascinante, con un lore espectacular, unos escenarios y un mundo alucinante y unos personajes maravillosos, que derrocha imaginación y originalidad por los cuatro costados, pero con una narrativa que, siendo críticos, la desluce y no está a la altura de su grandiosidad y su originalidad.

—Oye, Todd, esta persona ha leído la entrada y no ha publicado ningún comentario.

—Espera un poco, Tedd. Dale tiempo para que pueda escribirlo.

—No escribe nada, Todd. Que le haya gustado y no nos lo diga me pone de mal humor.

—Tranquilízate, Tedd. No es bueno para tu salud que te estreses.

—De acuerdo, Todd. Pero acuérdate de decirle que no incluya spoilers de otros libros en los comentarios de esta entrada.

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