Nacidos de la Bruma (Era I): El Imperio Final, de Brandon Sanderson

“Nacidos de la Bruma: El Imperio Final” es el primer libro de la trilogía de fantasía “Nacidos de la Bruma (Era 1)”, perteneciente al universo Cosmere, escrito por Brandon Sanderson.

El universo de Brandon Sanderson es una de las literaturas fantásticas más conocidas y de moda de los últimos años. Sus libros y sagas forman parte de un mismo universo llamado Cosmere. “Nacidos de la Bruma (Era 1)” es una de las trilogías pertenecientes a este universo. Su primer libro, “El Imperio Final”, presenta un mundo cubierto de cenizas e invadido por las brumas que es gobernado con mano de hierro por el Lord Legislador. Vin, una chica ladrona de las calles, conoce un día a Kelsier, un hombre con un plan para cambiar el mundo tal y como lo conocen.

“Nacidos de la Bruma: El Imperio Final” es una novela envolvente, atrapante, fascinante. No importa cuántas novelas de fantasía se hayan leído, cuántos mundos fantásticos conozcamos. “Nacidos de la Bruma 1” tiene algo especial. No es una fantasía de magia etérea, no es una fantasía épica. No hay dragones, no hay seres irreales como elfos o enanos. No es una fantasía típica. Y, sin embargo, su género literario es indiscutible.

“Nacidos de la Bruma” pertenece a ese tipo de fantasía moderna con mundos que se rigen por sus propias normas y tipos de magia muy física, incluso científica. Mundos que mezclan la realidad con la ficción sin perder el sentido de la fantasía de toda la vida.

Y es que una de las muchas cualidades que hacen de “El Imperio Final” una novela irresistible es su mundo y su ambientación. Un mundo con una organización política que divide esclavos, nobleza y un Lord Legislador que gobierna con tiranía. Un mundo en el que unas misteriosas brumas ocultan la noche. Un mundo en el que las plantas no son verdes, con unos Montes de Ceniza al más puro estilo Mordor que cubren todo de ceniza. Un mundo maltratado por las injusticias, en el que la vida no es agradable, y que nos recuerda la belleza de nuestra realidad a través del simple dibujo de una flor.

Sin embargo, no es solo la peculiaridad y originalidad de este mundo lo que resulta absorbente, sino también la forma del autor de introducirnos en él. La forma de Brandon Sanderson de narrar y de estructurar la historia es atrapante. La presentación ocurre de forma gradual, comenzando con los skaa de las plantaciones, trasladándonos posteriormente a las calles de la ciudad, para acabar conociendo cada vez mejor a sus personajes y funcionamiento. Así, el autor mece y conduce a los lectores por una narrativa cada vez más interesante, de la que, una vez dentro, es imposible salir.

De esta manera, los lectores quedamos fascinados no sólo por el mundo y sus personajes. Las normas por las que se rige este mundo son de lo más originales. Y es que la alomancia es un poder tan inusual que incluso cuesta clasificarlo como magia. La forma en que se es capaz de quemar un metal desde el estómago, que dependiendo del metal se produzca un efecto u otro, que se pueda tirar o empujar de ese metal, que su aleación produzca el efecto contrario, que se pueda variar la velocidad a la que se quema ese metal… La alomancia es absolutamente fascinante, a la vez que compleja, y se nota que se ha pensado de una manera muy cuidadosa y elaborada.

Así, los tipos de personas que son capaces de usar la alomancia también se clasifican, en brumosos, los capaces de usar un tipo de metal, y los nacidos de la bruma, los que logran manejar todos ellos. Sin embargo, para ser un mundo y un tipo de magia tan elaborados, esta clasificación no deja de parecerme sorprendentemente simple. ¿Por qué no hay personas capaces de manejar más de un metal y que no sean capaces de manejarlos todos? ¿Por qué no hay un término medio?

Se supone que los brumosos y los nacidos de la bruma son los descendientes de aquellos que apoyaron al Lord Legislador en sus inicios. De alguna manera, él los recompensó con ese poder que se transmite de forma hereditaria. Los brumosos y nacidos de la bruma sólo pueden ser nobles, y si alguien lo es y no es un noble debe de ser un mestizo. Pero, si la alomancia es hereditaria, ¿no podría alguien de padres brumosos heredar el poder de manejar dos metales? Hay muchísimas cosas en esta lectura en las que se podría profundizar aún más, y de las que dan ganas de conocer mejor.

Mención especial merece también la feruquimia, otro sistema de magia o poder en este mundo, igual de complejo o más que la alomancia.

Otro punto fuerte de esta novela son sus personajes. Los personajes secundarios son numerosos, pero todos presentan un gran carisma y una personalidad muy definida y diferente. Así, Ham, Clubs, Letisbournes rebautizado Fantasma, Renoux o Marsh son personajes que cumplen perfectamente con su función. Mención especial merecen Brisa, que derrocha carisma por los cuatro costados, Elend, quien a pesar de sus contadas apariciones nos gana con su peculiar forma de ser, Sazed, uno de los personajes más leales y más interesantes, y Dockson, que puede parecer que aporta menos, pero es uno de los más importantes dentro del grupo. Sin embargo, los verdaderos protagonistas de esta historia son Kelsier y Vin.

Vin es la auténtica protagonista de esta historia. A través de ella conocemos conceptos sobre el mundo, la rebelión skaa y los planes de Kelsier, y la alomancia en su totalidad. Vin es el hilo conductor de esta novela, y su evolución es la más notable de todas. Es un personaje que ha sufrido más que los demás, con una infancia terriblemente dura que provoca que se cierre en banda para protegerse. De esta forma, los lectores acompañamos a Vin en la búsqueda de ella misma y en su aprendizaje de conocerse realmente, pues, durante toda su vida, ha tenido que ocultar su verdadera personalidad.

Así, el personaje se va conociendo mejor a sí misma moviéndose entre los mundos de Vin la ladrona y Valette la noble, hasta que llega a un equilibrio sobre la realidad de sí misma. Un equilibrio que ha llegado a atisbar, pero sobre el que aún no se ha llegado a trabajar del todo.

Aun así, los lectores disfrutamos tanto como Kelsier la integración cada vez mayor de Vin en el grupo, la superación de su desconfianza y su aceptación de emociones como el cariño y la alegría.

Kelsier, por su parte, es el corazón de esta novela. Es el personaje que prende de la mecha, que hace que la trama avance, por el que tenemos historia. Es un personaje cuya personalidad divertida, traviesa, amable y bondadosa ocultan sus propios miedos y sufrimientos. Superviviente de Hathsin, Kelsier arrastra una tragedia que transforma en optimismo y decisión para cambiar las cosas. Y, si bien Kelsier sí que es un verdadero héroe en esta historia, no deja de ser una persona real, con sus virtudes y sus defectos. Su relación con Vin es muy especial, casi fraternal, esencial en el desarrollo de ambos personajes. Se preocupa por todos, lucha por su ética y sus ideales ante las barbaridades del Imperio Final, siempre tiene las palabras de ánimo adecuadas, y sabe sacar lo mejor de cada uno de sus compañeros, lo que hace de él un personaje admirable.

Kelsier es el completo antagonista del Lord Legislador, quien, sin duda, es uno de los personajes más atrayentes de este libro. Empieza siendo un villano distante, una figura lejana, para terminar como un peligro cercano y real. Poco a poco vamos siendo partícipes de retales de su historia, pedazos de información muy valiosos que se leen cada vez con más interés. El momento clave de este personaje es la primera vez que aparece en carne y hueso, pues hasta ese momento era alguien intangible, del que se hablaba, que había aparecido una vez en un carromato, pero a quien no se había visto hasta ese momento.

El Lord Legislador es imponente. Un dios todopoderoso del que, a pesar de todo y gracias a Kelsier, no llegamos a abandonar la idea de que realmente pueda ser un ser mortal. Aun así, el Lord Legislador es de esos malos que llegan a dar miedo, que parece invencible. Su majestuosa indiferencia, su indiscutible estancia en el poder durante mil años, sus lacayos como los obligadores o sus espantosos inquisidores, sumado a su aterradora maldad con la que somete a la población skaa e incluso a la nobleza hacen que sea un personaje temible, idea que se refuerza cuando con su sola presencia es capaz de provocar la tristeza, depresión y abatimiento de millones de personas.

Este poder también da una explicación a las escasas y poco exitosas rebeliones skaa. Con un modo de vida y esclavitud tan duro e injusto, la propia desesperación debería llevar a más levantamientos. Sin embargo, el aletargamiento de los skaa podría encontrar su explicación, al menos parcialmente, en este poder tan terrible del Lord Legislador que consume cualquier tipo de energía vital.

Así, cuando el Lord Legislador baja de su carruaje negro para enfrentarse a Kelsier y muestra su apariencia humana, un joven apuesto que continúa caminando con dos lanzas clavadas en el cuerpo sin el mínimo atisbo de haberse enterado de ello, la sensación es casi de irrealidad.

A pesar de que la lectura nos ofrece una explicación sobre este personaje, ésta no puede ser más escueta. Este Lord Legislador en realidad es Rashek, el criado del supuesto Héroe de las Eras. Suponemos que era a la vez un alomántico y un feruquimista, de ahí su inmortalidad, aunque esto no explica del todo su tremendo poder (un poder que Vin parece compartir con él en cierta medida). Y, aunque podemos hacernos una idea de lo que pasó y de que Rashek mató al héroe, es la explicación justa y necesaria para que este aspecto no quede abierto. Sin embargo, el lector queda con las ganas de saber muchísimo más sobre todos los detalles de esta historia, sobre la evolución de ambos personajes y sus objetivos, y sobre qué pasó en ese Pozo de la Ascensión.

Uno de los aspectos que sí que queda abierto es el de la preocupación del Lord Legislador y su afirmación de que, al matarlo, el resto de la humanidad se ha condenado. ¿Qué más ocultaba este personaje? ¿Qué tipo de protección tenía sobre los habitantes del Imperio Final… y contra qué? ¿Volverá esa Profundidad que tanto temía el autor del libro que lee Vin? ¿Cómo la consiguieron derrotar en su momento?

Sin embargo, estos no son los únicos misterios que esta primera parte de la trilogía no desvela. Y es que este libro se guarda algunas incógnitas para las siguientes partes y deja al lector con ganas de saber mucho más sobre el mundo. ¿Qué son las brumas? ¿Qué relación tienen con la alomancia? ¿Cómo se llegó a la situación de ese mundo enterrado en cenizas?

Asimismo, cabe destacar la originalidad de algunos escenarios del libro, como los Pozos de Hathsin, a la vez mina y prisión, y la crueldad y angustia a la que están sometidos sus prisioneros, obligados a entregar una geoda de atium a la semana para vivir una semana más.

Algo que, además, destaca mucho en este autor es lo que cuenta y lo que no nos cuenta. El lector no vive en primera persona algunas de las escenas del libro, sino que se menciona que ha pasado y es el lector el que hace el trabajo mental de imaginárselo. Por ejemplo, la pérdida del ejército es un desencadenante importante en las posteriores acciones de Kelsier, y marca un antes y un después para la rebelión y sus planes, pero la vivimos desde fuera. O, cuando el Lord Legislador nos cuenta todas las formas de muerte a las que ha sobrevivido o que ha aplastado ejércitos enteros él solo, y que podría hacerlo con el actual, es algo que sólo nos dice, y no es necesario que lo demuestre.

Es decir, el libro no busca la épica fácil ni la espectacularidad, sino que narra los hechos con practicidad y solemnidad. Se podría haber aprovechado esa batalla que tan por alto se pasa para darnos una escena más vistosa, o en vez de una lucha privada entre el Lord Legislador y Vin, se podría haber convertido en una batalla que incluyera más personajes o el propio ejército anterior, en la que el Lord Legislador pudiera lucirse mucho más.

Y, sin embargo, la lectura no pretende tal cosa. Sólo el hecho de que el lector se imagine a este personaje derrotando ejércitos él solo y quedando como el único habitante del mundo si fuera necesario, ya es suficiente. Y esto, hoy en día que tanto se busca una gran epicidad y la teatralidad, es un soplo de aire fresco.

En definitiva, “Nacidos de la Bruma: El Imperio Final” es una grandísima novela de fantasía, que presenta un mundo tan atrayente como interesante, y que atrapa irresistiblemente a todos los que entran en él gracias a su originalidad, sus carismáticos personajes, la desbordante imaginación del autor y su envidiable manera de introducir a los lectores en su mundo.

—Oye, Todd, esta persona ha leído la entrada y no ha publicado ningún comentario.

—Espera un poco, Tedd. Dale tiempo para que pueda escribirlo.

—No escribe nada, Todd. Que le haya gustado y no nos lo diga me pone de mal humor.

—Tranquilízate, Tedd. No es bueno para tu salud que te estreses.

—De acuerdo, Todd. Pero acuérdate de decirle que no incluya spoilers de otros libros en los comentarios de esta entrada.

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