“El Archivo de las Tormentas” es una saga de fantasía épica escrita por Brandon Sanderson y perteneciente a su universo literario Cosmere. “El Camino de los Reyes” es la primera novela de dicha saga, en la que se nos presenta un país en guerra liderado por un rey acompañado de sus altos príncipes. Varias tramas principales, con personajes de todo tipo, desde príncipes a esclavos pasando por nobles, eruditas y guerreros asesinos, se relatan a lo largo de la lectura para converger en un final épico.
¡SPOILERS!
“El Camino de los Reyes” es una novela a la que es difícil entrar. Brandon Sanderson empieza el libro prácticamente por el nudo, y en vez de introducirnos en la historia, nos suelta en ella casi sin haber presentado tramas ni personajes, por lo que de primeras es difícil hacerse al libro y enterarse de lo que está pasando. A nivel personal, me costó bastante entrar en esta novela con tanto nombre, personaje y cambio de escena.
Sin embargo, una vez que se logra tomar el hilo de la trama de Kaladin, es más fácil continuar con la lectura. Empezamos a conocer al esclavo hijo de cirujano que siempre intenta ayudar a los demás, y vamos empatizando con el personaje hasta el punto de la admiración cada vez que va superando obstáculos haciendo siempre lo correcto, aunque eso le perjudique. A pesar de ello, llega un momento en el que se rinde, pero siempre se comprende al personaje.
Kaladin es un esclavo, perdió su sueño de ser cirujano y a la persona más importante para él, su hermano Tien, está hundido por el hecho de haber ido perdiendo a todos sus amigos y compañeros sin poder salvarlos por mucho que lo intentara. Es un personaje roto, que ha tocado fondo, que ya no tiene más que perder. Y, sin embargo, en ningún momento pierde su moral ni su nobleza. Es generoso, altruista, empatiza y sufre por los demás. Kaladin es el modelo más grande de buena persona, y a pesar de ello, su gran fortaleza es también su mayor defecto.
A Kaladin le cuesta establecer un límite. Quiere ayudar a todos, salvarlos a todos, y aunque comprende que no es posible, lo intenta de todas formas. En ocasiones, salvar a unos implica dejar a otros, por la falta de recursos o por el motivo que sea, y le cuesta mucho aceptarlo. Repetidamente se culpabiliza por no poder hacerlo, aunque vaya mucho más allá de sus capacidades y posibilidades.
Esa culpa marca profundamente a Kaladin, y aunque el personaje evoluciona y trata de gestionarlo lo mejor que puede, lo cierto es que le pesa, y mucho. Carga con una mochila que él mismo se impone, pero que no debería de ser suya, y es lo que le impide, además de sus experiencias y su situación, atisbar aunque sea una pizca de felicidad. Mientras que los demás hombres del Puente Cuatro pueden reír y relajarse con el guiso de las noches, Kaladin mantiene su seriedad debido al peso de la responsabilidad que él mismo se impone.
Esto hace de Kaladin un personaje admirable, pero también un personaje al que se toma bastante cariño. Ha sufrido tanto, ha pasado por tanto horror e injusticias, que los lectores deseamos que le vaya bien, que triunfe, que consiga sus objetivos. Y por eso ese final en el que sabemos que Kaladin va a acudir al rescate del ejército de Dalinar y Adolin es tan gratificante.
Así, no solo Kaladin, sino también el resto de personajes que lo rodean evolucionan, y mientras que al principio la crueldad de la vida de los esclavos de los puentes es una salvaje y horrible pesadilla, poco a poco, con trabajo, esfuerzo, disciplina y mucho coraje y disposición a la mejora, la pesadilla sigue siendo cruel, pero más llevadera.
Y aquí entra el lema de los Radiantes. Vida antes que muerte, fuerza antes que debilidad, viaje antes que destino. Es justamente lo que pretende Kaladin, aunque ni siquiera comprenda del todo estas palabras. Si el destino final es la muerte y les espera de todas formas, por qué no anteponer la vida, la fuerza y el viaje a ese inevitable final.
El misterio de qué es Kaladin y cuál es su relación con los Caballeros Radiantes es una de las grandes incógnitas de la novela y que presumiblemente se irá resolviendo a lo largo de la saga. Los lectores empiezan a sospechar que algo pasa mucho antes que el personaje, porque la posibilidad de que sobreviviera tanto tiempo en las carreras de los puentes sólo podía ser debido o bien a la gracia concebida al protagonista por el autor, lo que habría sido algo tramposo a nivel de trama, o porque el personaje es algo más de lo que parece y de lo que él mismo cree, como acaba resultando, y lo que lo acaba engrandeciendo aún más.
Así, Kaladin es un protagonista bueno, noble y leal, pero Dalinar no se queda atrás. Conocemos al alto príncipe cuando atraviesa uno de sus peores baches. Sus dudas y su confusión con respecto a la guerra y sus visiones le cambian, haciendo de él alguien más débil a los ojos de los otros altos príncipes, de sus hijos y de su ejército, pero también alguien mucho más sensato a la vista de los lectores.
Dalinar es un antiguo héroe cuyo esplendor y mejores días ya han pasado, o esa es la sensación que se transmite a lo largo de la novela. Sin embargo, Dalinar es un personaje que aún tiene mucho más que ofrecer. Su nobleza y honradez le caracterizan, y sus valores lo convierten muy pronto en otro personaje admirable. Su evolución es una de las más notables del libro, y se desmarca justo en el momento de la traición de Sadeas. Después de ello, queda claro que, si Dalinar no había actuado antes con más decisión y firmeza, era porque no había querido.
Dalinar confiaba tanto en sus visiones, tenía tal fe ciega en Sadeas y los actos de éste parecían tan sinceros que realmente se llega a convencer al lector de que Dalinar tiene razón. Por eso, la traición de Sadeas puede ser más o menos sorprendente, pero tiene un verdadero impacto. De hecho, es el momento más crítico de la lectura, el que supone un cambio irrevocable en esta trama.
Ambos ejércitos se presentan unidos en lo que se espera que sea una gran batalla final, un golpe de remate para el ejército enemigo. Y lo habría sido de no ser por Sadeas, que retira su ejército y todos sus puentes, dejando abandonados y condenados en la mesa los ejércitos de Dalinar y de Adolin, rodeados de enemigos y sin ninguna escapatoria posible. Entonces, vemos claro lo inocente que ha sido Dalinar, que Adolin siempre tuvo razón sobre Sadeas y nos invade una sensación de injusticia.
Pero después llega Kaladin con su puente, salva a Adolin y a Dalinar y lo que queda de ejército consigue huir. Y, a partir de entonces, Dalinar ya no se anda con rodeos. Toma el control de la situación, consolida su relación con Navani, se impone sobre el rey, su sobrino Elhokar, ganándose por fin su confianza por un método antes impensable, deja de importarle lo que piensen de él los demás y por fin se disipan sus dudas y sus miedos. Eso sí, sin dejar de lado su honradez, y cumple su palabra a Kaladin y la gente de los puentes intercambiando sus vidas por su espada esquirlada en un gran acto de nobleza.
Sus visiones siguen siendo un misterio a pesar de que sabemos que son reales y que nunca le dijeron a Dalinar que confiara en los demás, sino que fue él mismo quien le dio esa interpretación. Las imágenes no van dirigidas a él concretamente, pero no sabemos por qué él es quien puede verlas y oírlas.
Así, los Radiantes, los Portadores del Vacío y la historia que encierran es el gran trasfondo de esta novela, una mínima presentación para algo que dará muchísimo más juego en la saga y a lo que le falta mucho por explicar.
Y precisamente esto es lo que está investigando Jasnah. La hermana del rey y sobrina de Dalinar es una renombrada erudita cuya investigación se centra en estos misterios. Finalmente, llega a la conclusión de que los parshendi son los Portadores del Vacío, y que cuando los parshmenios, esos criados que solo sirven y no parecen poder hablar o pensar, “despierten” como los parshendi, llegará la Desolación, justo de lo que advierten las visiones de Dalinar.
Lo que nos lleva a Shallan. Hija de un noble que ha llevado a su familia a la ruina, Shallan es la única coprotagonista de esta historia coral que no actúa con nobleza ni sinceridad. De hecho, todos los actos que realiza son bastante cuestionables. Se hace aprendiz de Jasnah tan sólo para robar su transformador de almas y poder así salvar la reputación de su familia (luego descubrimos que Jasnah, como la propia Shallan, no necesita un fabrial para poder moldear almas).
Así, Shallan miente, roba y traiciona a quien ha depositado su confianza en ella, y todo por su propio interés. Es verdad que ella también es engañada por Kabsal, el supuesto fervoroso que pretendía asesinar a Jasnah, pero, sin duda, es un personaje muy diferente a Dalinar y Kaladin, pues es la única protagonista que actúa por egoísmo en vez de por los demás. Incluso al final del libro descubrimos que es ella la que ha matado a su padre, aunque aún no sabemos el motivo. Realmente, Shallan es muy diferente a como parecía en un principio, y es capaz de mostrar en sus dibujos esas misteriosas formas relacionadas con ese curioso mundo que visita en la parte final, y del que tanto queda por explicar.
Por otro lado tenemos a Szeth hijo hijo vallano, el asesino shin vestido de blanco que mató al rey Gavilar y que tiene una especie de contrato que le obliga a obedecer a su amo. En este libro no llegamos a conocer mucho a este personaje, más allá de lo que él desprecia lo que le mandan hacer, y lo último que sabemos, en un buen giro, es que el rey de Kharbranth ha sido su amo todo el tiempo y le manda la misión de asesinar a Dalinar.
Además de los fabriales, los Portadores de Vacío y la historia de los Radiantes, este mundo también presenta una enorme originalidad en otros aspectos como las esquirlas, objetos como las gemas corazón y las criaturas que las contienen, la forma de organización de una sociedad dividida entre los ojos claros y los ojos oscuros o el hecho de que las mujeres sean las que sepan leer y escribir y esto sean cualidades que no estén bien vistas entre los hombres.
Pero, sin duda, los spren son unas de las criaturas y formas más originales de este mundo. Estos espíritus de diferentes tipos que se ven atraídos por prácticamente todo es uno de los conceptos más curiosos de este universo de fantasía. No está claro si son algo más de lo que parece o simplemente son lo que son y ya. La representación de los spren en la lectura es Syl, la honorspren que sigue a Kaladin prácticamente desde el principio, y que está relacionada con los poderes de este personaje. Seguramente conozcamos más sobre estos curiosos espíritus a lo largo de la saga.
Los parshmenios y los parshendi también son un punto importante de esta historia, más de lo que parece en un principio, y queda aún mucho por explicar sobre ellos. Destaca el singular aspecto de ambos pueblos, la forma de luchar en pareja de los parshendi, la música que llevan en la guerra y que son capaces de cantar todos a una, y por qué motivo se atribuyeron el asesinato del rey Gavilar, lo que ocasionó la guerra.
Mención especial merece Hoid, el Sagaz del rey, el trotamundos del Cosmere, que derrocha carisma y misterio.
En definitiva, “El Camino de los Reyes”, primera novela de “El Archivo de las Tormentas”, es una introducción a una historia grandiosa, que nos presenta a unos buenos protagonistas que evolucionan a lo largo del libro y unas tramas interesantes que enganchan al lector, con un final épico que deja con ganas de seguir adentrándose en este original y tan bien construido universo.


—Oye, Todd, esta persona ha leído la entrada y no ha publicado ningún comentario.
—Espera un poco, Tedd. Dale tiempo para que pueda escribirlo.
—No escribe nada, Todd. Que le haya gustado y no nos lo diga me pone de mal humor.
—Tranquilízate, Tedd. No es bueno para tu salud que te estreses.
—De acuerdo, Todd. Pero acuérdate de decirle que no incluya spoilers de otros libros en los comentarios de esta entrada.